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Facultad de Tecnología Informática  

Boletín de Graduados

Diciembre 2009 | Año V Nº50

Anécdotas Concurso Día del Graduado

campanitas   Arq. Maria Fernanda Manolaros – Arquitectura

Un buen consejo

Corría el año 1999 y yo cursaba mi primer año de la carrera de Arquitectura, con 26 años, carrera postergada por mis miedos a las matemáticas. Llegó el primer examen de la materia, que para mi era la mas atemorizante, Matemática y Física 1 .Ya el día del examen y después de que la profesora repartiera los distintos temas, por unos minutos sentí que la mente no me respondía, ni siquiera entendía las palabras ni las consignas escritas, en ese momento no podía ni leer ni escribir. Estaba tan nerviosa que salí corriendo del aula y me fui al baño a llorar; sí, lloré y lloré, pensando que había fracasado y que iba a abandonar la carrera.

Pero de repente, se apareció la profesora, la arquitecta Gloria Diez, y más que como profesora me habló como una madre, sólo era un primer examen y esto recién empezaba, no debía auto exigirme tanto, ya todo iba a salir.

En ese momento comprendí que realmente quería recibirme y que nada ni nadie, ni yo misma, me lo iba a impedir. Fueron años duros y hermosos a la vez.

Siempre quise agradecerle aquellas palabras a mi profesora pero tuve vergüenza, tal vez hoy, diez años más tarde pueda decirle ¡GRACIAS, profe! ¡NUNCA TE OLVIDARÉ!

campanitas   Dr. Alejandro Arroyo – Medicina

Una historia de amor

Por el año 2002, me encontraba cursando el tercer año de la carrera, uno de los más complicados a mi parecer, la Argentina pasaba por una situación de crisis socio-económica de la que intentaba recuperarse, el aeropuerto de Ezeiza estaba saturado, al igual que las embajadas de los países europeos, pero ante este panorama gris había algo positivo: tenía 20 años, estaba soltero y estaba rodeado de compañeras, en su mayoría, en iguales condiciones de estado civil y algunas particularmente hermosas. Compartíamos muchas horas juntos, dentro y fuera del aula: almuerzos, reuniones de estudio, etc.

Siempre creí que tenía la capacidad de reconocer cuando una mujer estaba interesada en mí, pero ciertos acontecimientos me mostraron que mis "radares" no funcionaban tan bien como yo pensaba.

Los días viernes cursaba Farmacología, siempre llegaba tarde y medio dormido, ya que la noche del jueves estaba de guardia como practicante en el Htal. Belgrano de San Martín. Sé que no es una excusa, pero quizás es un atenuante.

Había una compañera, de nacionalidad brasilera, con la cual a veces hablábamos, pero siempre quedaba ahí, hasta un día en que la "marmota" se despertó: era el mes de octubre, sí OCTUBRE, cuando noté cierto brillo en la mirada de mi compañerita paulista cuando me hablaba, que generó cierta curiosidad en mí, por lo que la invité a juntarnos en un boliche de la costanera, "Ribera Este", y a partir de esa noche empezamos a salir. Al poco tiempo me enteré que hacía meses que me había "fichado", incluso varios compañeros en común estaban al tanto, suponemos que hasta la profesora estaba al tanto. Fue ahí que me percaté que no poseía esa capacidad que mencioné anteriormente.

Actualmente, en el año 2009, me encuentro ejerciendo la medicina, rodeado de una hermosa familia compuesta por aquella compañera, Natalia es su nombre, y Pedro, fruto de aquel "despertar" de tan sólo 5 meses.

campanitas    Ing. Pablo E. Hernández – Ingeniería en Sistemas Informáticos

Una oportunidad

En los primeros años de la carrera, estaba llegando a la fecha de entrega de un TP sin terminarlo. Tenía miedo de ser reprobado, sabia que faltar no era una excusa, así que junte coraje y encaré al profesor. Él agradeció mi actitud (el haber sido honesto), me dio una prórroga en la entrega y me alentó a tomar esta actitud durante todo el resto de mi carrera, y así lo hice. Siempre que tuve problemas preferí ir con la verdad al docente y buscar juntos una solución.

campanitas    Ing. Patricia Figueroa - Ingeniería en Sistemas Informáticos

La Graduación

Una experiencia inolvidable para mí fue el día en que se realizó la entregar de diplomas. Llevaba casi 8 meses sin ver a mis compañeros y los extrañaba. No había festejado mucho el día que rendí el último final, porque eran pocos los compañeros de cursada que se recibían ese mismo día.

El día de la colación es muy emocionante, ver a los docentes con la toga y el birrete, y a mis compañeros de traje y corbata. Apreciar los rostros de todas aquellas personas con las que compartí la cursada y conocer otras personas a quienes también les entregaban el diploma.  

La anécdota de la colación fue que cuando salimos del vestuario al salón donde se realizó la entrega, me encontré con una compañera de cursada que hacía mucho no veía, y estábamos tan felices y emocionadas, que hicimos este trayecto correteando como dos niñas (cosa que ya no somos). Sonriendo a más no poder, llegamos al salón para ver a los docentes, familiares, compañeros. Mi hija, mis padres, con una sonrisa de oreja a oreja. Difícil de transmitir, pero fue un hito en mi vida, algo de lo que no me podré olvidar jamás.

 

 

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