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Unidad elemental de cómputo evolutivo
La evolución es un proceso isomórfico e invariante a la escala. Invariante a la escala significa que se produce en lo celular tanto como en lo social. Isomórfico significa que visto energéticamente las leyes que lo rigen son las mismas, en todas las escalas de observación. Gracias a esas propiedades es que podemos construir una abstracción básica, un modelo atómico, que permite abordar el estudio de las leyes evolutivas sin necesidad de referir a una interpretación o escala particular.
A partir de este modelo podemos abordar el estudio de las relaciones entre materia-energía è información, es decir, la morfogénesis de la evolución. Debido a que las configuraciones de materia-energía adaptarán su forma de manera de obtener mayor información a menor costo, el modelo propuesto permite generalizar el proceso de evolución1 . Este modelo es la base para un nuevo enfoque de la teoría de la información generalizada, que a su vez abre un nuevo campo de investigación y desarrollo en la economía de la información y en las relaciones emergentes de la economía supersimbólica.

El Principio de Margalef
Hecha la distinción entre el individuo portador, materia-energía e información, podemos definir el principio de acumulación: lo único que tiene sentido acumular, según los principios de la naturaleza, es energía para futura utilización, e información (en la memoria) para futura supervivencia.
Pero debido a la entropía, el aumento de información requiere de un gasto energético irrecuperable, y dado que la información se acumula con el objeto de la supervivencia, y por ende de la evolución, y teniendo en cuenta que la memoria es finita, lo que determina el éxito evolutivo de un individuo es la relación entre el gasto energético y la densidad de información en su memoria (infosoma).
Esto es lo que descubrió el ecólogo R. Margalef en los ecosistemas. El princitizarse diciendo que: “el éxito evolutivo de un individuo, no depende del número de descendientes, sino del hecho de poder mantener una mayor densidad de información, con un menor gasto de entropía”.
Este principio determina que las partes del sistema con menor información deben pagar la entropía de aquellas partes con mayor información. Por lo tanto, a fin de reducir el gasto es necesario que los órganos exosomáticos adquieran una topología ideal. Tal es el caso de la gran superficie de las hojas de una planta, en relación a sus raíces.
En síntesis, no importa cuanta materia-energía posea un individuo, si no importa la cantidad de información necesaria para realizar distinciones es arrojado fuera del sistema; y para realizar distinciones es necesario invertir energía en poner orden, es decir pagar entropía.

Órganos de Segunda Especie
Un órgano de segunda especie es un órgano exosomático, y como tal su función consiste en reducir la entropía general del sistema. La evolución del cerebro humano hasta adquirir las capacidades de manejo simbólico y memoria, fueron acompañadas de cambios morfológicos de la configuración materia-energía del hombre primitivo. Se ensayaron varios modelos, del que el homo sapiens resultó ser el más apto. Una vez alcanzado este punto, el hombre comenzó a transformar el mundo que lo rodeaba de manera tal de continuar reduciendo la entropía, a la vez que aumentando la densidad de información que poseía por medio de órganos ya no propios sino construidos, de ahí llamados de segunda especie.


Al principio copió los modelos naturales, más tarde, al comprender los principios mecánicos básicos de la naturaleza fue capaz de crear nuevos formas de reducir entropía, hasta llegar, hace escasos 50 años al mayor logro, la construcción de un órgano de segunda especie genérico, capaz de transformar energía eléctrica en orden, el computador.

Amputaciones y extensiones
Un órgano de segunda especie es una extensión de alguna funcionalidad del hombre. Pero esta capacidad de extenderse trajo aparejada un complejo juego de relaciones, que resultaron en muchos casos más perjudiciales que beneficiosas, como los problemas sociales emergentes de la revolución industrial, actualmente la contaminación y los problemas ecológicos. Estos problemas no se

deben principalmente a malas intenciones producto de la ambición económica o política, sino a la ignorancia generalizada de los principios básicos de la extensión tecnológica.
Estos principios fueron estudiados por M. Mc Luhan durante la década de los 60, y explicados magistralmente en su libro “La comprensión de los medios como extensiones del hombre”. Al igual que con Darwin, las discusiones y polémicas acerca de las interpretaciones erróneas y las incomprensiones llevaron a que estos principios fueran desmerecidos y no pudieran integrarse con la recién nacida ciencia de los órganos de segunda especie, la cibernética.
Así la humanidad sigue siendo incapaz de dominar sus propias extensiones, tanto que Alvin Toffler, quizás el tecnofuturista más importante hasta la fecha, reconoce a la tecnología como un agente shockeante y perjudicial; aunque es cierto que el efecto neto de la tecnología es shockeante, es posible canalizar dicho shock de manera positiva, entendiendo la relación entre extensiones y amputaciones.




 
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