Universidad Abierta Interamericana
Inicio Institucional Facultades Cursos y Eventos Bienestar Comunicación Servicios Online Transferencia Investigación ?

La dignidad humana es la situación fundamental que tienen todos los seres humanos por la
sola razón de ser tales. Remite a la autonomía de la voluntad y a la libertad, atributos que el ser humano tiene frente al resto de lo existente en el universo, y por los que entre otras cosas se dice que es persona. Persona es entonces, el sujeto que rige con su pensamiento y voluntad libre las transformaciones de su propia vida. Sólo el ser humano es capaz de planificar su vida y actuar conforme a su proyecto, determinar la línea de su existencia y elegir los medios para alcanzar los objetivos que le son propios. Su fin es ejercer su libertad para realizarse a sí mismo. Y esto es obrar como humano. Sólo el humano tiene conciencia de su vida y su finitud, del dolor de sí mismo y del dolor del otro, de ahí su obligación de dar cuenta de sus actos, de su responsabilidad por sí mismo y por aquellos que por diversas causas no puedan ejercer su autonomía.
Más allá de que la libertad esté de hecho limitada, la dignidad humana es la premisa básica a partir de la que se determinan los derechos humanos fundamentales.
Del reconocimiento de esta dignidad surge el Derecho a la privacidad como protección de la esfera íntima de la persona, en tanto en principio no afecte a los demás, es el ámbito al que nadie puede tener acceso a menos que el propio sujeto lo quiera o que se lo fuerce.
Desde la perspectiva legal, el derecho a la intimidad, en relación con la información privada que un sujeto recibe de otro en función del ejercicio de su profesión, es la base que se intenta proteger con el deber de confidencialidad.
La confidencialidad hace referencia a una apertura respecto de la intimidad de un sujeto hacia otro. Alude a una relación establecida sobre la fe o confianza que está ya expresada en el propio término. En efecto, “con” designa la conexión con un otro, en tanto “fidencialidad”, remite al concepto de “fe” y de “fidelidad”. De modo que en sí misma, la palabra encierra el sentido y condición de que, lo que una persona relata sobre su vida íntima, lo hace con la seguridad de que aquél que recibe su confidencia, no lo divulgará sin su consentimiento.
La importancia de la confidencialidad se torna esencial cuando se piensa en el contexto de la relación “profesional de la salud - paciente” puesto que es la confianza en el primero, como portador de un saber que puede ayudar a restaurar la salud o a devolver el bienestar, la que posibilita la apertura de la intimidad.
La norma de confidencialidad en la relación aludida tiene una larga tradición, ya el Juramento Hipocrático enuncia la obligación del médico, de salvaguardar lo que el paciente le confía.
Este deseo de reserva podría estar relacionado con el vínculo existente entre la “enfermedad o incapacidad” y el sentimiento de vergüenza, sentimiento que surge ante lo que los otros piensan acerca de uno.
Independientemente de que el hecho revelado sea producto de una incapacidad física, conflicto psicológico o moral, el sujeto sufre la humillación, y vivencia la actitud pública, como un castigo. El aislamiento, el ostracismo social, los perjuicios para la familia, la pérdida del empleo o del estatus social, pueden ser algunas de las consecuencias
perjudiciales que sufra una persona por la violación de esta norma.
Para los objetivos de la medicina, es de esencial importancia la información que suministre el paciente, y ésta será más fluida y amplia, cuanto mayor sea la seguridad de que el secreto será respetado.
De modo que en primera instancia, es un hecho indiscutible que el profesional cumplirá con la regla de confidencialidad.
Los códigos de ética sin embargo, afirman en general que este deber no es absoluto. Situaciones en las cuales de no infringirse esta obligación, pudieran derivarse consecuencias perjudiciales para el paciente, el profesional u otras personas, podrían ser consideradas como razones válidas para fundamentar excepciones a la regla.
Circunstancias tales como la revelación del paciente acerca de sus intenciones de matar, suicidarse o poner en peligro la vida o la seguridad de terceros, ilustran el dilema entre el deber de respetar la privacidad (autonomía) y el deber de no perjudicar (no - maleficencia) o de tener un trato equitativo para con todos (justicia). Éstos son casos en los que el profesional se cuestionará el cumplimiento de este deber.
De modo que aunque la relación sanitaria conlleva el pacto implícito del secreto, y de acuerdo con ello el infringir esta norma sería un acto éticamente incorrecto; sin embargo, interpretada como un deber prima facie, esto es, como obligatoria en principio - abstrayéndose del contexto en que se inscribe, pero sujeta a excepciones según sean las derivaciones que de su cumplimiento se sigan -, y en el caso de que estén en juego bienes mayores, principalmente con relación a los principios de No-maleficencia y justicia, el profesional podría y debería quebrantar su compromiso.

El caso Tarasoff (1) ilustra la confrontación entre el deber de confidencialidad y los principios de no-maleficencia y de justicia, principios absolutos que obligan a no dañar y a tratar con igual consideración y respeto a todas las personas.
Interpretado el dilema en término de derechos, la colisión se manifiesta entre el derecho a la vida y el derecho a la intimidad.
Los debates suscitados por este caso, ocurrido en los EE.UU. en 1969, sentaron las bases de lo que se conoce como “Doctrina Tarasoff”, la que sostiene que es un deber profesional el romper el secreto profesional cuando la no-revelación implique riesgo de daños para terceras personas.
En síntesis, si bien el respeto por la confidencialidad es el principio sobre el que se asienta la relación médico - paciente, no obstante, ante situaciones ambiguas, se deberá realizar un cuidadoso examen de la circunstancia específica en su especial contexto de variables, y una atenta evaluación de beneficios y perjuicios.
Algunas de las principales situaciones que podrían justificar el incumplimiento de la norma podrían ser:
· Si la información confidencial permite prever con fundamento, que el paciente llevará a cabo una conducta que entra en conflicto con sus mismos derechos de ser persona (ej.: el intento de suicidio).
· Si el dato que se quiere ocultar de forma categórica atenta contra los derechos de terceras personas. Por ejemplo, ante una enfermedad grave, contagiosa o genéticamente transmisible, si el paciente se niega

terminantemente a informar de esos hechos a los posibles afectados. Asimismo, en el caso de conductas de maltrato o abuso sexual.
· En el caso de que se atente contra los derechos de la sociedad en general. Así por ejemplo, cuando haya enfermedades transmisibles, o que ponen en riesgo la vida de terceros, por ejemplo, personas con graves alteraciones cuyo desempeño laboral implique el tener a su cargo la conducción de otras personas -pilotos de avión o conductores de transportes en general.
Estos criterios son muy generales, de manera que ante cada caso que se presentara con características tales que pusieran al profesional en situación de duda, sería conveniente que en primer lugar se realizaran reuniones con especialistas de distintos ámbitos, en razón de que en toda situación problemática confluyen y se entrecruzan variables de diversa índole, éticas, jurídicas, médicas, etc.

Graciela Taboada
Docente en la Universidad Abierta Interamericana: Carrera de Psicología: Tit. de la asignatura Bioética y DD.HH. Adjunta en asignatura Filosofía. Carrera de Medicina: Adjunta en las asignaturas: Ética Profesional, Filosofía e Historia de la Medicina, Antropología. Universidad de Buenos Aires: Facultad de Medicina. Unidad Académica de Bioética, Facultad de Filosofía. Cruz Roja Argentina: Carreras: Radiología, Hemoterapia, Laboratorio, y otras. Asignatura: Ética y deontología. Escuela de Enfermería de ATSA. ética y Deontología Profesional.

Bibliografía:
OMAR FRANCA TARRAGO, Ética para Psicólogos. Introducción a la Psicoética, Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, 1966.
TOM L. BEAUCHAMP - LAURENCE B. MAcCULLOUGH, Ética Médica. Las Responsabilidades morales de los Médicos, editorial labor, Barcelona, 1987.
THOMÁS SZASZ, El Mito de la Enfermedad Mental, Amorrortu Editores, buenos Aires, 1994.
MARIANA TRAVACIO, Manual de Psicología Forense, Secretaría de Cultura, Fac. de Psicología, Oficina de Publicaciones, C.B.C., U.B.A.
RICARDO LUIS LORENZETTI, Las Normas Fundamentales del Derecho Privado, Rubinzal Culzoni Editores, Buenos aires, 1995.

Notas:
1. El señor Poddar reveló al terapeuta que lo atendía la intención de matar a una chica. Aunque no dio su nombre, el terapeuta se dio cuenta que se trataba de la novia de su paciente, Tatiana Tarasoff.
Ordenó la internación del joven en un instituto psiquiátrico, pero los médicos forenses determinaron que el estado de Poddar no requería internación y bajo la promesa de que no se acercaría a la muchacha, no lo retuvieron.
Dos meses más tarde, Poddar mató a Tatiana. El análisis de este caso se encuentra en A. Kraut, Responsabilidad Profesional de los psiquiatras, Buenos Aires, La Roca, 1991.


 
Universidad Abierta Interamericana - Tel: (+54) 11 4342-7788 (rotativas) - contacto@uai.edu.ar
Facebook Twitter YouTube RSS UAI Noticias Radio Conexión Abierta

Política de Privacidad - Términos y Condiciones - © Copyright 2017 -- Data Fiscal data fiscal

Para consultas técnicas escriba a Soporteweb@uai.edu.ar