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La Visión es la piedra fundamental donde se estructura la Alta Estrategia, sin ella, todo lo demás carece de sentido. Es el rumbo que se predestina acorde a la Vocación-Misión que se quiere cumplir en esta bendita Tierra. Por ella comienza a moverse el andamiaje alto-estratégico ya que, el Liderazgo sin Visión lleva a acciones y esfuerzos que se pierden en el océano de los acontecimientos de la Historia, y los Valores sin Visión no tienen funcionalidad en el medio.
La Visión de llegar al Cielo en el Cristianismo Antiguo, es la Visión del futuro a alcanzar, por ello todos los Valores que se predican para tal tarea en las Iglesias: fe, esperanza, coraje, templanza, etc. son indispensables para alcanzarla, y revelan por demás, que en aquellas naciones donde el sentimiento religioso es fuerte existe la visión estratégica y se practican los valores necesarios para alcanzar el futuro.

El Liderazgo
El liderazgo surge de la sensibilidad para poder adaptarse al medio y de la fuerza de voluntad para poder, a la vez, influir en él. Un líder VE el futuro antes que los demás, lo moldea, lo comunica con las palabras adecuadas. Construye su poder por la adaptación dinámica al medio, al contexto, al mercado, por la comprensión de las TENDENCIAS de las fuerzas históricas y por identificar el rumbo que las mismas toman. Es por ello, que el líder es producto del medio que lo comprende y lo satura, y también es aquel que posee mayor Voluntad de Vida (Schopenhäuer) o mayor Voluntad de Poder (Nietzsche) para lograr influir estratégicamente en el contexto. Podemos decir que en definitiva; tiene más energía que los demás.
El líder tiene algo de mago y chamán, ya que extrae del inconsciente colectivo de un grupo humano los valores funcionales residentes en los arquetipos, legitimados a través de la historia del grupo. Mago que une el Infierno (el presente) con el Cielo (el futuro), encarna en un “Pontífice”, a guisa de los faraones egipcios son un puente donde se celebra la UNIDAD superadora de la DUALIDAD (Derechas e izquierdas, ricos y pobres, Dios y el Diablo, etc.)
El líder es en términos políticos un conductor estratégico, y en términos religiosos un profeta. Es un “border” ya que para poder agregar valor al medio debe poseer algunos valores distintos, y para poder predicarlos debe poseer valores en común, que lo legitimen y le permitan estar en una zona de credibilidad estable. Aquel líder, conductor estratégico o profeta, que no tenga valores que agregar no será escuchado ni seguido. Por ello Jesús dice que “Nadie es profeta en su tierra”. Un corso (Napoleón) unificó a Francia, un escita (Rama) fundó la religión
indo-brahmánica y un macedonio (Alejandro) les dio un Imperio Mundial a los helenos. Todos estos líderes eran “puentes” por los cuales fluyeron los Valores entre dos realidades distintas.
La adaptación dinámica al medio, otorga la legitimidad, fuente del verdadero poder, aún si todavía no se establece la legalidad. Cabe aquí el ejemplo del regreso de Napoleón desde Elba y su marcha hacia París. A su paso, su legitimidad se iba imponiendo a pesar de su ilegalidad dada la extraordinaria adaptación dinámica al medio y la identificación de tendencias históricas de la Francia pos-revolucionaria. Bien le cabe la expresión de Hegel de que Bonaparte era “el Destino a caballo”.
El líder es también un elemento homeostático, es decir, que designa estabilidad en una zona de credibilidad inestable y con tendencias a la dualidad y a la anarquía. El líder refuerza la concreción de los hechos que son intuidos como útiles y necesarios para una sociedad, medio, contexto histórico o mercado, pero que la sociedad se encuentra impotente de realizar, por sus propias contradicciones internas o por elementos externos. El líder otorga contención a la inestabilidad creada en una sociedad dados los cambios que son necesarios realizar para llegar al futuro. El Estado-Nación norteamericano consolidado y su rápida evolución hacia el status imperial han liderado y contenido a su pueblo, en lograr cumplir la sentencia de Tocqueville “Estados Unidos es el lugar donde el futuro llega primero”. Lo cual denota que el liderazgo a veces, no lo practica un solo individuo, sino que puede ser ejercido por “elites conductoras”. Esto depende de los arquetipos históricos de cada sociedad.

Como dicen los textos antiguos, los líderes son enviados por los dioses, para bienaventuranza de toda la comunidad, la cual debe sostenerlos y bendecirlos.

Los Valores

Son el “alma mater” de la Alta Estrategia. Los Valores representan la base donde se sostiene toda Estrategia y todo Liderazgo.
En los estudios axiológicos, existen varias teorías sobre los Valores (objetivismo, subjetivismo, etc.). Sin entrar en dicha discusión, que por otra parte, está bastante intrincada hoy en día, podemos definir los Valores como cualidades que poseen los objetos en relación a un medio determinado.
En el sentido funcional, un hecho, objeto o persona VALE en la medida que cubre una necesidad del medio, contexto o mercado en el que se inserta. Si un producto es exitoso en un mercado quiere decir que vale para ella. Esto es una verdad y como tal no está sujeta a juicios de valor. Lo mismo da si cuestionamos el

liderazgo de Stalin, por ejemplo, en la Unión Soviética, o el de Juana de Arco en la Francia de la transición del Medioevo a la Modernidad con la consecuente expulsión de los ingleses. Dichos líderes fueron legítimos: la Historia es su carta testimonial; de lo contrario jamás hubiesen ocupado dicha zona de credibilidad y no hubieran dejado su huella en el tiempo.
Los Valores funcionales para la construcción de un futuro se encuentran alojados en el inconsciente colectivo, se pueden extraer de los arquetipos. La Voluntad, la Justicia, la Valentía son valores arquetípicos que griegos, romanos y los pueblos indoeuropeos en general, simbolizaban en sus dioses.
Los Valores que sostienen una Estrategia deben ser funcionales al objetivo que esta tiene. Es decir, deben ser útiles, cubrir la necesidad que el medio requiere para potenciar la tendencia del Destino a construir. El valor del pragmatismo en los ingleses medievales les permitió llegar al nuevo paradigma, en este caso la Modernidad, antes que todos los europeos continentales.
Los Valores también son la base de la Traditio que se proyecta desde el pasado hacia el futuro. Por ello la dinámica de la Tradición opera los Valores necesarios para consolidar la llegada al futuro, y con el correr de la Historia y el estudio estratégico de la misma, tamiza los Valores que son funcionales a la creación de un Destino de aquellos que no los son. Esto hace que se construya una Tradición fuerte y en adaptación dinámica como la que poseen el Reino Unido, los Estados Unidos o el pueblo de Israel.
Cuanto más viejos son los Valores en una Nación o Empresa, con mayor sabiduría y precisión hacen operar al grupo humano que los posee: “El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo” reza el “Martín Fierro”.
En un sentido amplio, la dialéctica de la Alta Estrategia y sus tres componentes: Visión, Liderazgo y Valores constituyen la piedra basamental de todo proyecto de país, empresa o grupo humano que se proponga alcanzar una posición competitiva.
Hacer Alta Estrategia implica hacer Filosofía y reflexión hermenéutica de la Historia en el sentido heideggeriano anunciado anteriormente.
Historia (pasado) y Estrategia (futuro) son dos caras de una misma moneda, que en países duales, como la Argentina, es difícil de llevar en los bolsillos.

Horacio Esteban Correa
Doctorando. Profesor de Historia Contemporánea y Problemática
del Mundo Actual.
Universidad Abierta Interamericana.


 
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