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En el artículo anterior explicamos la íntima relación que existe entre la Historia y el pensamiento
estratégico.
La Historia es un puente cuyas bases son los valores arquetípicos, y este puente une el pasado con el destino. Como dice el filósofo Daniel Dei “la Historia es el terreno donde el futuro forjado por nosotros puede echar raíces.
Cuando este futuro nos adviene sin nuestras impresiones digitales dejamos de hacer Historia, nos marginamos de ella (…)”. Tenemos entonces, en términos heideggerianos una unidad de la experiencia que del tiempo hacen las culturas. Un pasado (Geschichte=Historia), que tiene como base la Tradición, que en su concepción dinámica es, “asumir las posibilidades no resueltas de las generaciones anteriores”, esto se precipita a un momento de enclave (el presente) y se proyecta al futuro (Geschick=Destino), haciendo de todo el sistema temporal una GESTA, que como tal, requiere de la actitud heroica.
Así mismo indicamos la sinergía que se genera en la interacción de los tres niveles de decisión estratégicos, que son los que arman el Destino, a saber definidos como: Alta Estrategia, Estrategia Operacional y Táctica.
Dichos niveles no pueden representarse en forma lineal o vertical, sino más bien en forma circular concéntrica, donde la Alta Estrategia fluye desde dicho centro hacia los otros niveles decisorios produciendo flujos y reflujos que retroalimentan el sistema.
Esto se debe a que no existe uno que sea “mejor” o “peor” que otro, sino que los tres necesitan trabajar juntos para que los objetivos prefijados se puedan alcanzar concretamente. Este concepto que denota la falta de linealidad en la interacción de los tres niveles estratégicos, está sentenciado en el Nuevo Testamento por Jesús “Quien quiera ser maestro deberá lavar los pies de sus discípulos”.
Es por ello que la mayor responsabilidad es la del nivel alto-estratégico, ya que es el que CONDUCE a los demás niveles, EDUCE a los mismos, y TRADUCE el complejo simbolismo e intuiciones de la meta y futuro a alcanzar. Como señala Ortega y Gasset siempre existe un agente TOTALIZADOR que articula lo diverso hacia una unidad superior, y ese agente ejemplificado por el “Princeps” romano en el Mundo Antiguo por el pensador español, es el nivel alto-estratégico.
La responsabilidad de la Alta Estrategia es visible en la acción del Liderazgo, el cual sostiene la Visión Estratégica predicando los Valores. Si la dinámica de la trinología se rompe sobreviene el desastre y los tres niveles entrarán primero en la dualidad, como paso previo de una anarquía sin fin hacia la anomia y disolución total. A esto se refiere también el Evangelio en la afirmación “quien conmigo no es contra mi es”.

Quien no sigue la Visión, que es el proyecto de SER, de estar referido a las posibilidades de ser, compartiendo los Valores funcionales para ello, pertenece a otro proyecto de futuro y por lo tanto está en posición de contra- proyecto alimentado por otros Valores.
Es así, que cuando lo Táctico no está con lo Estratégico, está CONTRA lo Estratégico. En términos de Ciencia Política, la construcción de poder se realiza cuando se localiza e identifica al enemigo, y el enemigo es aquél que tiene otro pro
yecto de futuro distinto al pregonado. Así, los quiebres de los tres niveles de decisión en una ESTRATEGIA NACIONAL o REGIONAL, tienen el objetivo de subvertir el orden de dicha proyección estratégica.
El nivel alto-estratégico opera con tres elementos fundamentales:

a) La Visión Estratégica.
b) El Liderazgo.
c) Los Valores.

Dichos elementos conforman la dinámica de la Alta Estrategia.
La Nación, Empresa o Persona que no posea estos elementos estará sumida en una crisis interminable, cuyo síntoma característico será la recurrencia a estancarse en el pasado por TEMOR y falta de los recursos espirituales mencionados para construir un FUTURO.
La misma interacción que señalamos para los tres niveles de decisión estratégicos, vale para los tres elementos que conforman la Alta Estrategia.

El Liderazgo sin Visión carece de rumbo y los Valores sin Liderazgo carecen de la posibilidad de plasmarse en obras concretas. Se necesitan el uno al otro como en el concepto teológico de la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, haciendo de Dios uno y trino.
Otro tanto podemos añadir en nuestra fundamentación, la dinámica trinológica de la dialéctica de Hegel en sus tres momentos: An-sich-sein, anders-sein y für-sich-sein. La dialéctica hegeliana integra la dualidad hacia una tercera dimensión más amplia a diferencia de Marx, cuyo determinismo histórico es el más acabado exponente del pensamiento dual de Occidente.
Dicha concepción filosófica la hallamos en el símbolo del Taoísmo; el “Taigeto” conformado por el Yin, el Yang, y el Soplo Divino, y en la composición trinológica de todas las divinidades indoeuropeas.
Vayamos pues al análisis de dicho nivel, ya que es el más íntimamente relacionado con la Historia (Geschichte), y sobre el cual se van a ordenar los demás niveles estratégicos.

La Visión estratégica:

Heidegger en su “Introducción a la metafísica” cita del poeta Hölderlin palabras proféticas: “Quizás el rey Edipo tenga un ojo demás”. Para Heidegger este ojo sobrante es la condición fundamental de todo grandioso preguntar y saber, y tal

pasión constituye el saber y la ciencia de los griegos.
Ver más allá de lo que ve el hombre común es visualizar el futuro que se quiere construir acorde a los valores que irán dando forma al destino.
También en el español antiguo existían dos verbos diferenciados para designar la visión física y la visión del alto-estratega.
La Visión surge de la adaptación dinámica al medio que comprende y satura a un individuo. La sensibilidad y capacidad de captar las necesidades, identificar tendencias e impulsarlas a la construcción de una imagen mental de DONDE SE QUIERE LLEGAR son virtudes fundamentales para la construcción de la Visión.
Generalmente en el Inconsciente Colectivo de un grupo, Nación o empresa, se encuentran los valores funcionales básicos que se necesitan para construir un futuro exitoso en el grupo que se lidera. Esto implica una íntima relación entre la Visión del Destino y la Historia del grupo. Se deduce de ello que la fuerte identidad de una Nación o empresa, o sea, el conocimiento de uno mismo, potencia y celera la concreción de la Visión. Se debe saber de qué puerto se partió para marcar el rumbo y saber hacia dónde nos dirigimos.
En la Antigüedad, el símbolo por excelencia de Visión estratégica era el águila. El águila vuela más alto que cualquier animal, y ve cosas que los otros no ven. Según una antigua tradición “las águilas conducen a los ejércitos a la victoria”. Tácito las llama “Deos Bellorum” (Dioses de la guerra). Es símbolo y emblema de toda Nación con vocación imperial que se muestran como agentes totalizadores de lo múltiple hacia lo Uno. Era el animal de Zeus y guardaba las oraciones de los antiguos cristianos mientras se elevaban al Cielo del “Pater Noster”. En heráldica simboliza la nobleza que se eleva a los cielos en busca del “Sol Invictus”, el “Dominus Dei”.


 
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