Universidad Abierta Interamericana
Inicio Institucional Facultades Cursos y Eventos Bienestar Comunicación Servicios Online Transferencia Investigación ?

Alguien dirá: “¡Que poca confianza en nuestra capacidad de innovación!” y asumo en este sentido la justeza de la acusación. Pero como decíamos en párrafos anteriores: el pensamiento estratégico es esencialmente especulativo y debe conjugar la intuición con un juego cierto de probabilidades.
También es justo que alguien pregunte: ¿Y qué pasa con regiones que atraviesan una coyuntura de alta inestabilidad? o bien: ¿Qué pasa en una economía cerrada? O si no, podrá pensar que de acuerdo al tipo de industria variará la condición de generador o receptor de tendencias (por ejemplo, la Argentina sería claramente generadora de tendencias si estamos trabajando en la industria del dulce de leche).
Realizaremos algunos análisis más pormenorizados para cada una de estas situaciones, con lo que intentaremos probar que la regla general que proponemos sigue siendo adecuada, más allá de que con posterioridad enfocaremos la cuestión desde otro punto de vista.
En primer lugar, entonces: ¿Qué pasa con los contextos de alta inestabilidad?. Muchas veces, cuando discutimos acerca de planeamiento estratégico con colegas y empresarios, nos encontramos con sentencias del tipo “este no es un país previsible”, entonces: “aquí no se puede planear”, y luego “no tiene sentido pensar en el largo plazo”.
A pesar de no responder a una estructura totalmente lógica, este razonamiento nos recuerda a aquel tipo de silogismos que estudiábamos en los cuales a partir de una premisa verdadera, arribamos a conclusiones evidentemente falsas...
“Este no es un país previsible”... Bueno, podemos llegar a coincidir asumiendo que muchos momentos de nuestra historia contemporánea se caracterizan –lamentablemente- más por el “andar sin brújula” (desde el Estado y hacia los particulares) que por otra cosa. Más allá de lo discutible que pueda ser este planteo, invito a coincidentes y disidentes a convenirlo como cierto (al menos para este ejercicio). Luego, como seguimos entonces:
“Aquí no se puede planear”... ¿Por qué?, y luego: “No tiene sentido pensar en el largo plazo”... ¿¡Como!?...
No quiero generar una discusión teórica acerca de lo que significa la función de planeamiento, pero creo que de una u otra manera todos sabemos que podemos hablar de distintos niveles y alcances de los planes y podemos coincidir que en contextos inestables quizás sea mucho más dificultoso planificar a “corto plazo” o en términos operativos (por ejemplo, trazar un presupuesto financiero), pero esto no tiene nada que ver con el planeamiento a largo plazo o con el planeamiento estratégico.
En corroboración de esta afirmación me limito simplemente a aportar un ejemplo concreto: En 1989, la República Argentina atravesó la que hasta ahora ha sido la peor crisis hiperinflacionaria de su historia, con un estado de altísima convulsión social, derrumbe del sistema financiero, etc. Por aquellos años, también comenzaba a introducirse en el país la hoy común tecnología de transmisión de señales de TV a través de conexiones de cable (ya en en ese entonces ampliamente extendida en el mundo) ¿Acaso la coyuntura de aquel momento creó condiciones estructurales que impidieran que dicho mercado se desarrollara? La organización que en aquel momento analizara sus inversiones en aquel negocio, podría dudar acerca de los tiempos de desarrollo y sus mejores opciones para penetrar en el mercado, pero ¿realmente podía tener dudas acerca de la selección del negocio en sí?
El ejemplo evidentemente es grosero y deliberadamente simplificado para una mejor comprensión, pero la lógica de análisis es inequívoca.
Es decir: en términos de decisiones estratégicas, ante un contexto de inestabilidad la empresa puede tener dudas en términos del “cómo”, el “cuándo” y el “cuánto” hacer las cosas, pero nunca en términos de “qué” cosas hacer.
Y la experiencia nos muestra que la amplísima mayoría de los fracasos empresarios, surge precisamente de equivocarse en el “qué” hacer, lo que podríamos definir muy sencillamente como no percibir las oportunidades.
Otro ejemplo, ya para pensar de aquí en adelante: los sistemas de educación a través de internet, han crecido durante los últimos cinco años a una tasa superior al 54% en América del Norte y de más del 42% en Europa; en nuestro país las tasas de uso de los pocos sistemas que existen es sumamente baja y el país vuelve a atravesar una serie de convulsiones económicas, sociales y políticas que condicionan fuertemente el desarrollo empresario. Entre 1997 y 2000, Internet pasó de tener alrededor de 200.000 usuarios a cerca de un millón, la deserción de los sistemas educativos tradicionales en el mismo período se incrementó en un 13% promedio... Si le ofrecieran desarrollar un empren-dimiento en el sector ¿Lo consideraría oportuno?.

Primera conclusión:

LAS IMPREVISIBILIDAD DE UN CONTEXTO REGIONAL, NO DESVIA EL IMPACTO DE LAS TENDENCIAS DE CAMBIO ESTRUCTURAL DEL MARCO GLOBAL.

En segundo lugar, y continuando con nuestro análisis, no enfrentamos a otro de los mitos empleados para objetar el modelo que proponemos, alguien podría decirnos: “Muy bien, pero las tendencias mundiales impactan si hay libre comercio, pero en una economía cerrada su impacto se diluye”...
Ante todo, partamos de una premisa elemental: Si vamos a hablar de la Cuba de Castro, el Afganistán del Talibán, o peor aún de la “Oceanía” de Orwell, seguramente tendremos que darle la razón a nuestro amigo, pero seamos menos drásticos y pensemos en una economía planificada o fuertemente intervenida, en contextos nacionales que funcionan dentro de parámetros mínimos de libertad a nivel político y socio-cultural (la mayor parte de los Estados subdesarrollados de América Latina, funcionan con variaciones dentro de este esquema). Profundizar en esta discusión, nos introduce de lleno en la problemática del fenómeno de lo que se denomina “globalización”.

La tan mentada “globalización”, término de moda (por amor u odio) y en boca de todos los comunicadores sociales, analistas políticos y económicos, y fundamentalmente del ciudadano común, representa una idea a partir de la cual se pretende explicar un fenómeno esencialmente cultural de adopción de hábitos comunes entre poblaciones de distintas latitudes.
Es evidente, que el avance tecnológico de los últimos tiempos y la verdadera revolución de las comunicaciones que se ha producido en las últimas dos décadas le han dado un protagonismo central a este fenómeno, pero también es cierto que a partir de allí se han generado –y magnificado- una serie de mitos, que desde nuestra humilde óptica, vale la pena intentar derrumbar.
En primera instancia (al menos en nuestra visión): la globalización, tal como la definiéramos párrafos atrás ha existido desde siempre y va a seguir existiendo en distintas civilizaciones, al menos que alguien imagine un futuro en el cual el hombre se convierta en un ser viviente sedentario en valor absoluto (algo contrario a su misma esencia genética y evolutiva).
En todo caso, lo que puede variar –y de hecho ha variado a lo largo de la historia- es el vehículo motor del fenómeno y la tecnología en que se sustenta:
El mundo helénico fue un mundo globalizado, la expansión del imperio romano fue globalizante, el cristianismo fue globalizante, la imprenta, el imperialismo de la edad moderna, el comercio de ultramar, la revolución industrial, la guerra fría, la revolución de la información, fueron todos fenómenos globalizantes...
No ha habido sustanciales diferencias en torno a si el instrumento fuera la filosofía, el poderío militar, la religión, la máquina de vapor o el teclado de la computadora; sólo cambiaron los alcances y los tiempos, pero no hubo sociedad o modelo económico que resistiera estos fenómenos, que soportaran la particular “globalización” de su época, o en otras palabras, que pudiera “diluir” el impacto de las tendencias de cambio estructural que han signado la evolución de nuestra civilización.
En segunda instancia, firmemente atado al mito de la “globalización como fenómeno exclusivo de la post-caída del muro”, se ve fuertemente reforzado por otra fantasía casi tan fuerte como la primera que es atribuir la globalización actual a la internacionalización de la economía y el imperio del llamado “neoliberalismo” (con lo cual, la ecuación parecería corroborarse: economía cerrada = no globalización).
Creemos que en este caso, el error de análisis surge de una cierta confusión entre factores disparadores (aquellos que ponen en marcha un fenómeno) y factores catalizadores (aquellos que aceleran sus tiempos de impacto).
Indudablemente, la internacio-nalización de la economía es un factor que favorece el moderno signo de la globalización (catalizador), pero en modo alguno puede considerarse como disparador del fenómeno.
Probablemente, el disparador verdadero haya que buscarlo por el lado de los medios de comunicación y la sofisticación de éstos a partir del avance tecnológico, algo que Marshall Mc Luhan anticipara hace varias décadas, cuando definió su idea de “aldea global”.

Segunda Conclusión:

LOS FENÓMENOS PREDOMINANTES EN CUALQUIER TIPO DE CONTEXTO ESTARAN SIEMPRE ÍNTIMAMENTE RELACIONADOS CON TENDENCIAS GLOBALES Y DE CORTE ESTRUCTURAL.
En tercer lugar, finalmente, quizás parezca legítimo pensar que el eje generador-receptor puede variar de acuerdo al tipo de industria sobre la que se fundamente nuestro análisis.
Para cuestionar esta postura, vamos a valernos también de algunas referencias históricas: en la baja Edad Media, poco antes del definitivo ocaso del feudalismo y del valor de la tierra como factor virtualmente único de riqueza, los grandes señores poseían la propiedad de los medios de producción y el poderío militar (es decir, la suma del “desarrollo” de la época) sin embargo no fue suficiente para detener el surgimiento de los estados nacionales sustentados en el comercio, de la misma manera que varias centurias después el eje del poder se desplazaría bruscamente hacia la industria textil fuertemente impulsada por los primeros albores de la revolución industrial... en cualquiera de estos ejemplos –como muchos otros que pudieran citarse- las grandes transformaciones, las verdaderas “tendencias de cambio estructural” no surgen de cualquier industria, sino de “determinadas industrias”.
Estas industrias elegidas, las habitualmente llamadas “industrias de punta” en la jerga empresarial, son aquellas que se sustentan e impulsan en las tecnologías dominantes de una determinada época: el arado, el canal de riego, la máquina de vapor, la producción en serie, la pc, el satélite...
Es decir, que los centros o regiones generadores de tendencias, no son simplemente los países desarrollados en términos de la economía clásica sino, fundamentalmente, aquellos centros o regiones en las que radican las industrias de punta y quienes disponen de las tecnologías dominantes (que son las que en definitiva movilizan las otras industrias).
La mayor parte de las veces coinciden ambas lecturas, pero la historia reciente nos presenta claros ejemplos de casos en que lo segundo, ha sido en realidad consecuencia directa de lo primero, más que a la inversa como indicaría una lectura tradicional.

Tercera Conclusión:

LAS TENDENCIAS DE CAMBIO ESTRUCTURAL TIENEN SU EPICENTRO EN LAS REGIONES QUE RADICAN INDUSTRIAS DE PUNTA

Fundamentado así nuestro modelo de pensamiento prospectivo, podemos sintetizar sus principios en el siguiente cuadro:


 
Universidad Abierta Interamericana - Tel: (+54) 11 4342-7788 (rotativas) - contacto@uai.edu.ar
Facebook Twitter YouTube RSS UAI Noticias Radio Conexión Abierta

Política de Privacidad - Términos y Condiciones - © Copyright 2017 -- Data Fiscal data fiscal

Para consultas técnicas escriba a Soporteweb@uai.edu.ar