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La Computación Suave combina diferentes técnicas modernas de Inteligencia Artificial como Redes Neuronales, Lógica Difusa, Algoritmos Genéticos y Razonamiento Probabilístico (ver recuadro); esta última incluyendo Algoritmos Evolutivos, Sistemas Caóticos, Redes de Opinión y, aunque solo parcialmente, Teoría de Aprendizaje. No obstante, conviene aclarar, la Computación Suave no es una mezcla con estos ingredientes, sino una disciplina en la cual cada componente contribuye con una metodología distintiva para manejar problemas en su dominio de aplicación que, de otra forma, se tornarían irresolubles. De una forma complementaria y sinérgica -en lugar de competitiva-, conduce a lo que se denomina “sistemas inteligentes híbridos”, siendo los más visibles los neuro-difusos, aunque también se están empezando a ver los difuso-genéticos, los neuro-genéticos y los neuro-difusos-genéticos.
Dentro de este nuevo paradigma, la principal contribución de las Redes Neuronales es la de actuar como una metáfora del cerebro que provee la estructura fundamental, el reconocimiento de patrones, el aprendizaje y la adaptación; la de la Lógica Difusa es una metodología para tratar con la imprecisión, el razonamiento aproximado, los sistemas basados en reglas y la computación con palabras; la de la Computación Genética es la optimización y la búsqueda aleatoria sistematizada; y la del Razonamiento Probabilístico es el análisis de decisiones y el manejo de la incerteza; es decir, todos componentes importantes del razonamiento humano.

El problema del sentido común
La computadora convencional “razona” utilizando una lógica estricta; en cambio, el hombre no analiza las situaciones minuciosamente, sino que se basa mucho en su experiencia anterior. Trata de relacionar alguna parte de su problema actual con algo ya solucionado en el pasado. En otros términos, aprovecha su amplio conocimiento acerca del modo en cómo funciona el mundo para razonar por aproximación, más bien que sobre la base de técnicas precisas, certeras y rigurosas de resolución de problemas. En ese sentido, Marvin Minsky, uno de los fundadores de la Inteligencia Artificial, piensa que, para avanzar
en el campo de las máquinas inteligentes,
será necesario dotarlas de sentido común. “Difícilmente podemos esperar ser capaces de hacer que las máquinas hagan maravillas antes de descubrir cómo hacer que hagan cosas normales y sensatas”, acostumbra a decir.
Pero, ¿qué se entiende por sentido común? Muchos lo definen como ese caudal de conocimientos “tácitos”, o “de trasfondo”, estrechamente interre-lacionados, que facilita nuestra comprensión inmediata del entorno que nos rodea y en el que nos desenvolvemos. Es ese conocimiento amplio y general, aunque poco profundo, sobre los hechos de la vida y de las cosas que pasan, que poseen hasta los niños y que resulta tan natural y obvio que no les prestamos demasiada atención. Por ejemplo, que con un palo se puede empujar algo pero no jalarlo, o que con una soga se puede jalar de algo pero no empujarlo. Que, generalmente, para salir a la calle los seres humanos no están desnudos, mientras que los animales no están vestidos. Que el agua fluye hacia abajo y las causas preceden a sus efectos. Que el tiempo pasa y los acontecimientos futuros se convierten en acontecimientos pasados.
O también, el hecho de que cuando un gato va a dar un salto, inconscientemente ejecuta millones de operaciones simultáneas que, de forma consciente, sería incapaz de realizar. En efecto, el animal sólo piensa en saltar, y su cerebro automáticamente recoge toda la información captada por sus sentidos, busca en su memoria casos similares y le dice qué tan rápido correr, en qué momento ejecutar el salto, qué fuerza aplicar a sus patas traseras y cuándo y cuánto estirar sus patas delanteras.

Aparentemente, la Computación Suave se perfila como una muy buena plataforma para dotar a una máquina de sentido común. No obstante, y a decir verdad, ya se ha logrado construir máquinas con un cierto sentido común, pero sólo cuando se circunscribe en extremo el campo y la aplicación es muy específica. Así, por ejemplo, se podría decir -sin equivocarse demasiado- que Deep Blue (la máquina que derrotó al campeón del mundo Garry Kasparov) tiene sentido común, pero sólo y únicamente para jugar al ajedrez. Lo que todavía se torna muy difícil es lograr incorporarle a la máquina el sentido común general.

¿Es posible tener una computadora sensible?
Hasta ahora, los hombres y las computadoras viven en mundos paralelos: las personas habitan un mundo analógico, físico, rico en sensaciones; las máquinas, en un

mundo digital, abstracto, insensible. Pero esta dicotomía se está modificando: poco a poco, se están perfeccionando a las máquinas equipándolas con ojos, oídos y otros sensores, a fin de dotarlas de una comunicación directa con la realidad exterior.
Basándose en una cooperativa y sinérgica combinación entre la Computación Suave y la Computación Tradicional y contando con órganos sensoriales artificiales y una importante dosis de sentido común, la máquina del futuro podrá ser capaz de reconocer y responder a las emociones humanas a fin de constituirse como una mejor colaboradora que la insensible computadora de hoy. En efecto, según la investigadora Rosalind W. Picard, del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), “para que la computadora sea ‘genuinamente inteligente’, necesitará la habilidad para reconocer y expresar emociones”.
Bajo su dirección, un grupo de investigadores ha desarrollado un sistema que usa sensores fijados al cuerpo del usuario y pequeñas webcam (videocáma-ras digitales) a fin de tener una idea general del humor de la persona. Los sensores miden constantemente la temperatura y la humedad de la piel, así como la frecuencia de los latidos cardíacos y la tensión muscular de manos y pies; mientras que la cámara puede detectar tanto los gestos faciales como la dilatación en las pupilas. De esta manera, y por comparación con la información previamente almacenada en una base de datos, la computadora puede inferir con bastante precisión el estado emocional del usuario (por ejemplo, aburrimiento, interés, nerviosismo o entusiasmo).
¿Ciencia ficción? No del todo. Billy Gates, fundador y presidente de Microsoft, manifestó su interés en que las computadoras personales puedan hablar y entender al usuario, incluyendo la capacidad de distinguir e interpretar su estado de ánimo. Para el año 2003 el nuevo Windows “le reconocerá e interpretará, por su expresión facial, si está alegre, triste o confundido. Será casi como relacionarse a otra persona”, indicó Gates. A partir de la interacción con el usuario, tendrá la capacidad para aprender y modificar su comportamiento, con lo cual se espera que pueda anticiparse a las actividades que aquel quiera realizar y obrar en consecuencia.
De esta manera, en el futuro quizás uno pueda finalmente interactuar con una computadora de la misma forma en que lo haría con una mente, aunque una mente de alcance limitado. Tendrá la sensación de interactuar con “una personalidad animada o, al menos, simulada”, como acostumbra a decir Ray Kurzweil, pionero de la tecnología del habla. O, en palabras de Sherry Turkle, socióloga y psicóloga MIT, “la computadora puede convertirse en una proyección de una parte de uno mismo, en un ‘espejo de la mente’ [...]. Quizás las computadoras no tengan una inteligencia en el sentido pleno en que la tiene un ser humano. Quizás posean fragmentos de inteligencia”.


 
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