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Maravillosas para algunos,
complicadísimas para otros,
e imprescindibles para la
mayoría, la computadora se encuentra -en la actualidad- plenamente incorporada en la vida moderna. Quizás esta vasta popularidad se deba a que su precio bajó muchísimo, a la vez que la potencia tanto del hardware como del software creció abruptamente. Sin embargo, para que realmente sea adoptada por la mayoría, hay que hacerla más accesible, más atractiva, más fácil de utilizar, más inteligente, con más sentido común; en otras palabras, es necesario humanizar las máquinas y no tecnificar la mente de las personas.
Al ser capaz de aprender las preferencias, intereses y hábitos del usuario, la computadora del futuro podrá responder de una manera más similar a éste, interactuando y hasta prediciendo lo que uno necesita. Incluso será capaz de comprender hasta los pensamientos incompletos y ambiguos, característicos de las primeras etapas de cualquier idea, diseño o boceto. De verdad merecerá el título “personal” y colaborará en todo momento con su dueño, haciendo sugerencias y suposiciones, sobre la base de información parcial e incompleta. Más que programarla o configurarla, el usuario la “entrenará” de forma parecida a como hoy lo hace con un cachorro.
En ese sentido, Seymour Paper alienta el concepto de “la computadora como lápiz”, en el sentido de que ellas deben estar disponibles y ser accesibles como los lápices, y que se deben usar para una gama igualmente amplia de actividades, “tanto para garabatear como para escribir, tanto para borronear como para dibujar, tanto para notas personales como para tareas oficiales del aula”. Es probable que la Computación Suave, un nuevo paradigma informático, emerja como una muy buena plataforma para los nuevos tiempos por venir.

Carbono vs. silicio
Siempre ha existido un gran abismo entre la forma en que la computadora procesa la información y la manera de pensar del ser humano. La computadora tradicional es muy rápida y precisa, tanto para operar como para tomar decisiones, puede manipular y guardar muy fácilmente enormes cantidades de datos, así como recuperarlos, sin mucha dificultad, cuando se los necesita. También es exacta y fiable, puede mantener su
desempeño durante mucho tiempo en el mismo nivel y ocuparse de numerosas cosas al mismo tiempo. Por eso, la computadora ha conseguido superar al hombre en cuanto a rapidez y confiabilidad de las operaciones matemáticas, en las tareas de rutina o en los razonamientos lógicos. Incluso, si está programada adecuadamente, y en muy estrechas áreas del pensamiento racional, sus capacidades son equivalentes a la del cerebro humano.
Pero está limitada de un modo fundamental: no tiene el sentido común de un pequeño infante de 4 años, ni la capacidad sensora y motora de un vulgar insecto. Todavía es incapaz de entender cualquier lenguaje humano; es muy difícil programarla para que reconozca imágenes, sonidos o aromas; y ninguna computadora convencional es capaz de adaptarse a entornos imprevistos. Peor aún, al haber sido diseñada para procesar información secuencialmente, si falta o falla un eslabón, todo el proceso se detiene y la computadora queda indefensa e incapaz.
Es que la computadora tradicional no tiene mucha inteligencia: todo lo que hace la máquina es seguir una sucesión ordenada de instrucciones, previamente programada, que le dice precisa y detalladamente qué hacer en cada momento.
Si el algoritmo funciona exitosamente es porque los programadores tomaron en cuenta todas las posibilidades; si falla, es porque se olvidaron de alguna o sencillamente se equivocaron.
Lamentablemente la mayoría de los problemas no pueden encararse algorítmicamente o, si existe un algoritmo que ayude a resolverlos, puede ser lento, ineficaz, extenso o difícil de implementar. Por eso, la computadora es considerada demasiado rígida, estructurada y mecánica como para tener algo en común con la mente humana.

La computadora es lineal, lógica, inflexible, primitiva... Está condicionada por muchas limitaciones, reglas, hipótesis y preconceptos del programador. El cerebro humano es impredecible, no puede describirse y todavía alberga gran parte de misterio. Es mucho más que una computadora: mientras ésta trabaja a partir de programas que alguien escribió y que están almacenados en su memoria; el cerebro puede organizar sus propios programas desde cero. Y así puede pensar, imaginar, crear, inventar, evaluar. En definitiva, la mente humana es libre.
El cerebro humano consta de miles de millones de neuronas -cada una conectada a miles de otras neuronas- que procesan simultáneamente cantidades masivas de información. Este tipo de estructura le otorga una gran ventaja en la mayoría de las capacidades perceptivas, motrices y de adaptación para comprender la realidad y desenvolverse en la vida diaria, así como en las áreas relacionadas con el conocimiento de sentido común y la resolución de problemas intuitivos y creativos. Aunque más lento, falible y con mucha dificultad para recuperar la información; el cerebro es más versátil y adaptable, destacándose cuando enfrenta situaciones ambiguas y cuando hay que extraer datos relevantes de grandes cantidades de información. El cerebro humano es excelente para manipular el conocimiento; la computadora, por otra parte, es mejor para manejar datos. Los procesos óptimos humanos no pueden serlo para la computadora y viceversa.

Suavizando las cosas
En el horizonte de los descubrimientos relacionados con la informática surgen no sólo ideas nuevas para mejorar las técnicas existentes, sino también paradigmas radicalmente diferentes de las actuales técnicas. Uno de ellos, actualmente estudiado por muchos investigadores, es la Computación Suave o Soft Computing, en su idioma nativo. Su objetivo es bien concreto: aumentar el “coeficiente intelectual” de las máquinas dándoles la habilidad de imitar a la mente humana, la cual es blanda, suave, flexible, adaptable e inteligente. En palabras de Lotfi Zadeh, Profesor en la Universidad de California y reconocido experto mundial en la materia, “es la antítesis de la computación actual, asociada con la rigidez, la fragilidad, la inflexibilidad y la estupidez. Los métodos de la computación dura no proveen de suficientes capacidades para desarrollar e implementar sistemas inteligentes”.
En lugar de confiar en las habilidades del programador, un verdadero programa de Computación Suave aprenderá de su experiencia por generalización y abstracción, emulando la mente humana tanto como pueda, especialmente su habilidad para razonar y aprender en un ambiente de incerteza, imprecisión, incompletitud y verdad parcial, propios del mundo real. De esta forma, es capaz de modelizar y controlar una amplia variedad de sistemas complejos, constituyéndose como una herramienta efectiva y tolerante a fallas para tratar con los problemas de toma de decisiones en ambientes complejos, el razonamiento aproximado, la clasificación y compresión de señales y el reconocimiento de patrones. Sus aplicaciones están relacionadas, entre otras, con el comercio, las finanzas, la medicina, la robótica y la automatización.


 
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