Universidad Abierta Interamericana
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      La primera verdad a la que llega es que los enfermos no comunican nada diferente de lo que pudiéramos descubrir en los sanos. Reduce todas las fantasías a dos: los deseos ambiciosos, con tendencia al progreso y elevación personal, y los deseos eróticos, que no pueden producir ninguna alteración del patrimonio ni de las condiciones personales porque "su ambición es consumida casi siempre por la aspiración al amor".
       El objeto no se puede intercambiar, es un valor de uso, se consume en el uso. El sujeto no fantasea con el amor, sino con la fantasía del amor.
       En la obra de Freud, la cuestión del tiempo es una preocupación constante, desde "La interpretación de los sueños" y el tiempo del inconsciente, tan distinto del tiempo del reloj, que llega a decir que no hay tiempo en el inconsciente.
       En los sueños diurnos o fantasías, dirá que el sujeto "utiliza el presente para proyectar, según el pasado, una imagen del porvenir". En el acto de fantasear, hay un anudamiento simultáneo de los tres tiempos: pasado, presente y futuro.
       Lo que estructura y determina es la muerte, es desde allí, no es mi madre la que me determina, mi madre es el pasado. Esa madre fálica, totipotente, no tiene nada que ver con la madre que acaba de tener al niño y esta cansada, abatida, son sólo atribuciones que le hace el niño, porque ella le ha salvado la vida. Pero esa madre que lo somete, no existió nunca.
       Vivo mi vida según cómo voy a morir, la determinación me viene desde el futuro.
       Más adelante en el texto, Freud hace una crítica a la novela psicológica cuando se pregunta: "...sólo el protagonista tiene alma?" porque la profundidad del personaje central es brutal, pero los otros... y entonces sostiene que es el protagonismo del yo, a tal punto invulnerable que, no alcanzándole con el lugar central se disocia en "yoes" donde prefigura todas las tendencias contradictorias de su personalidad.
       Entonces, primero diferencia el juego del niño de la fantasía del adulto, luego llamará juego a la creación poética, para agregar que "cuando el poeta nos deja presenciar sus juegos, sentimos un elevado placer". El poeta consigue expresar sus secretos más íntimos a partir del empleo de una técnica que consiste en superar aquella

repugnancia, sin duda relacionada con las barreras que se alzan entre cada yo y los demás. Esa técnica es la verdadera "ars poética".
       Freud nos está planteando la cuestión de otro amor, a la manera del psicoanálisis, es decir "dar lo que no tengo a quien no es". Es sencillo, tomemos un ejemplo: el ingeniero que proyecta los planos y construye un puente que él nunca cruzará, es como el poeta, aquel no es el dueño del puente ni éste se queda con el poema, será de otros.
       Luego aborda la cuestión de la interpretación, de la que dice que es un actopoético, una realización de la función poética. El poeta "soborna" con el placer puramente formal, es decir estético, que se conecta luego con un placer mayor.
       La interpretación siempre produce cierto placer, aunque el yo diga que es dolor. Cuando el sujeto está trabado en una secuencia significante y aparece la interpretación, se le abre el mundo y esta apertura genera un placer mayor que todas las cadenas significantes existentes. La producción de la función poética genera en el sujeto un placer que sólo sirve como puerta para un placer mayor, igual que la interpretación.



 
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