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      Como consecuencia, la NSF retiró en 1991 sus medidas restrictivas al comercio en Internet. El pastel ya estaba servido.
       Por aquella época, la implantación de la Red era aún escasa y las herramientas disponibles demasiado rudimentarias. Aún así, algunas empresas (como Sun Microsystems) establecieron listas de correo para comunicarse con sus clientes, con el fin de proporcionar una asistencia mucho más rápida y barata que la que se proporcionaba por teléfono.
       La aparición, en ese mismo año (1991), del primer navegador web (NCSA Mosaic) y la consiguiente expansión de la World Wide Web marcarían el despegue definitivo. Al principio, las empresas utilizaron la Web con propósitos meramente publicitarios hasta que, a principios de 1994, se fundó la ISN (Internet Shopping Network), una macrotienda con miles de productos informáticos que podían (esa era la novedad) ser adquiridos en línea.
       A partir de ahí comenzó propiamente el uso comercial de la Web tal y como hoy lo conocemos. Baste decir que a finales de 1996, el 98 por ciento de las Fortune 500 (las quinientas empresas más poderosas de Estados Unidos) habían adquirido al menos un dominio web. Aún más: el volumen previsto de negocio vía Internet, podría acercarse a los 30 billones de pesetas en el año 2000, según estimaciones de Price Waterhouse.


El Comercio y los Servicios
en el Espacio Cibernético

       El crecimiento y desarrollo de Internet, además de superar por su velocidad y expansión a similares fenómenos producidos en el pasado, origina la creación de un mercado mundial, global, en el espacio
cibernético donde se empieza a apreciar la importancia que el nuevo medio informático tendrá en términos de transacciones comerciales.
      La libertad natural, que es característica de Internet, es sin duda, una de las razones que impulsa el crecimiento de este nuevo comercio en el ciber-espacio, con cada vez mayores productos y canales de distribución, que se expanden con olvido de los conceptos de territorio y frontera, con que hasta ahora se regularon los principales aspectos del comercio internacional.

       Como consecuencia ineludible de este desarrollo el Derecho Mercantil Internacional comenzó a analizar los aspectos que surgen del intercambio electrónico de datos.

Así, el proyecto de Ley Modelo sobre el Comercio Electrónico, analizado por la Comisión de las Naciones Unidas para el
Derecho Mercantil Internacional, ha establecido los requisitos necesarios para
que una firma producida por medios electrónicos tenga el equivalente funcional a la firma tradicionalmente estampada con métodos tradicionales.
      En este aspecto, es dable señalar el papel que sin duda cumplirán entidades como las Cámaras de Comercio en calidad de Autoridades Certificadoras, dado que en los proyectos existentes se dispone que una firma producida por medios electrónicos será autorizada en la medida en que exista conformidad de la Autoridad Certificadora.
       Más allá de encontrarse en discusión los requisitos que se exigirán a estas autoridades autorizadas, se empiezan a esbozar elementos que garantizarán la veracidad del instrumento. Las Cámaras o Entidades Certificadoras con similares funciones, deberán controlar fundamentalmente la clave, que identificada con el suscriptor del documento permita confirmar la veracidad del mismo.
       El impacto mayor del fenómeno comercial del ciber-espacio se producirá en la problemática fiscal que obligará a las autoridades fiscales a un verdadero desafío. En este aspecto, mientras que se espera que el crecimiento del comercio en Internet aumente de $ 500 millones a $ 5 billones o más para el año 2000, los estudios sobre las medidas para controlar los problemas se encuentran en estado de subdesarrollo, aún en los países más avanzados.
       No es extraño que ello ocurra cuando se trata de reanalizar todas estas nuevas modalidades de negocios con legislaciones elaboradas y pensadas para el comercio internacional tradicional.
       Los aspectos más salientes de estas nuevas técnicas comerciales del ciber-espacio están dados por la eliminación de los intermediarios y por la dificultad en establecer las identidades de las partes que intervienen en las transacciones.
       Generalmente en el comercio de Internet aparecen tres partes: el proveedor de servicios de Internet (server), el comerciante y el cliente.
       El web site para el comerciante cumple una función de catálogo por correo que ofrece los detalles de su mercadería, sus productos y sus precios y que debe pagar por la utilización de ese web site. La dificultad de identificar a las partes origina problemas importantes de residencia frente a las normas y facilita la presencia de direcciones comerciales de Internet en jurisdicciones con beneficios impositivos, con prescindencia de la verdadera residencia de las partes.
       Si bien las nuevas regulaciones internacionales, como el proyecto de Ley Modelo sobre el Comercio Electrónico mencionado, podrán mejorar la seguridad de las transacciones, la obtención de

 
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