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En las últimas décadas nuestra sociedad ha experimentado un notable incremento en la po- blación de adultos mayores, generada esencialmente por un alargamiento en la esperanza de vida.
       La irrupción de ese fenómeno no ha sido acompañada por una «calidad de vida» adecuada y nos plantea la necesidad de reformular nuevas políticas que impliquen un reconocimiento integral del problema y el aporte de medidas positivas dirigidas a terminar con la exclusión y discriminación social de los ancianos.
        Nuestra Constitución Nacional en su art.73 inc. 23 dice «Legislar y promovermedidas de acción positivas que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los Tratados Internacionales vigentes sobre derechos humanos en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad».
       Son muchos los problemas derivados de esta situación que afectan particularmente a los «adultos mayores», como los impuestos por los cambios culturales en la relación multigeneracional, en el entorno familiar, en la comunidad y en nuestra sociedad nacional.
        Por otra parte, se ha agregado un compromiso por la prolongación de la vida y vemos que esta continuidad que debería ser una buena noticia; y de hecho si lo es; frecuentemente es perturbada por enfermedades, el abandono, los problemas económicos y la discriminación social.
        Ninguna circunstancia de nuestra existencia nos toma tan desprevenidos; en cualquier etapa de la vida asumimos con más claridad la alternativa posible de la muerte, que la llegada inexorable de la vejez. Todas la transiciones en la vida de los seres humanos son dolorosas: la etapa prenatal, el nacimiento, la infancia , la adolescencia, la mayoría de edad, la madurez, cuya duración respectiva se establece en forma variable según las distintas épocas y culturas todas, reitero tienen un denominador común la «esperanza».

       Allí está siempre presente una compensación, el saber que la próxima etapa, aún siendo una incógnita, nos ofrecerá algunas ventajas, realización personal, amor, familia, aceptación social y a veces el éxito.
      Cabe preguntarse qué nos pasa, qué le ocurre a nuestra sociedad que se engaña a sabiendas; no parecemos estar preparados, manteniendo una actitud de rechazo, eludimos el razonamiento y aún así la vejez llega.

       Llegando a esta rica etapa de la vida sería saludable un cambio inteligente de actitud, promoviendo acciones positivas e incorporando valores que hagan al desarrollo personal, la equidad y bienestar social.        Toda esta situación que comprende a las personas de la tercera edad, representa un grave problema que preocupa en modo particular a educadores, sociólogos, médicos, economistas, políticos, los que han propuesto o tratado de dar diversas soluciones desde distintas ópticas, según las pautas culturales vigentes, grado de evolución social alcanzado y posibilidades económicas.
        A modo de reflexión optimista, digamos que el miedo cerval al envejecimiento, se aleja desterrando la falsa idea de que la vejez va ligada a la enfermedad; manteniendo además una actitud participativa en la comunidad, en su medio familiar, en las organizaciones o incorporándose a planes de educación continua.
        En cuanto a la Sociedad plena, el Estado, los referentes de la cultura, etc, les cabe la aceptación de estos cambios, reflexionando sobre las soluciones posibles, para promover contención social, modificar pautas culturales y desterrar para siempre la arraigada idea de que la cronología es un estigma social, incorporando a los adultos mayores para sacarlos de esa mirada y aprovechar sus «potencialidades».
       Es en el abordaje de este tema donde «las Universidades y la comunidad científica en general» , puede cumplir un «rol» significativo. Por cierto, como era de esperar, es también una preocupación de esta Universidad, que no quiere quedar ausente en la tarea de ofrecer un conocimiento avanzado en todas las disciplinas involucradas en la «calidad de vida de los adultos mayores».
       Ese conocimiento deberá aportar avances en el planteamiento de propuestas, respetando los valores éticos y humanos de la ancianidad, reconociendo sus potencialidades y dando una visión más optimista sobre el rol de los adultos mayores.
       Consecuente con esa línea de pensamiento, la concreta con la creación del Centro Universitario de Estudios Gerontológicos, en este ámbito ofrece una educación de alto nivel para desarrollar liderazgos en el campo de la Gerontología, analizando en profundidad los procesos biopsicosociales asociados al envejecimiento, los aspectos asistenciales y preventivos de la salud; en particular los relacionados con la salud mental y la educación de los adultos mayores.
       Seguramente se avanzará tanto en los contenidos teóricos más actuales, como en las técnicas de investigación gerontológica orientadas hacia ámbitos de trabajo concretos, de esa forma se puede augurar que se obtendrán los resultados esperados, esencialmente la formación de recursos humanos altamente capacitados e investigadores interesados en los aspectos básicos del envejecimiento humano.

 
Dr. Alfredo González
Miembro del Centro Universitario
de Estudios Gerontológicos.
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